viernes, 25 de noviembre de 2022

LOS HOSPITALES EN EMERGENCIA

 Por: Lizzet Paz

Los hospitales también se envejecen y enferman, y muchos de ellos llegan a cuidados intensivos de los que no se recuperan. Sus dolencias son muchas, a medida que pasan los años y no hay quienes atiendan y solucionen sus males.
Duele verlos cuando sus paredes están dañadas y desmoronándose, techos por caerse, cielos rasos húmedos, puertas despintadas y rotas, ventanas malogradas, algunas que ya no se abren y otras que no cierran, habitaciones descuidadas.
Da pena observar, entre muchas deficiencias, relojes que no funcionan, pegatinas por todos lados, televisores apagados, fluorescentes quemados, asientos y bancas destrozadas, sillas de ruedas deterioradas, módulos anticuados y algunos en desuso.



Imagen: Agencia Andina

Es una vergüenza que los “médicos” no puedan hacer nada por mejorar los problemas, algunos tan sencillos y otros complejos, como que los servicios higiénicos son focos de infección, que no haya siquiera un poquito de jabón;  y las cañerías siempre en reparación.

Ciertamente que los centros de salud del Ministerio y de los sistemas de seguridad social son de uso de las mayorías, especialmente de los más pobres, pero no por eso se merecen una atención así, en condiciones deplorables.

A todo esto se añade que la atención no es de las mejores, con honrosas excepciones; hay ausencia de un buen trato y una actitud más humana que haga dignas a las personas.

La falta de medicinas es otro de los males, hecho que agrava la situación de los pacientes, cuyas  protestas no son escuchadas y desprestigian los hospitales, como los que tenemos en Huancayo. Ojalá las autoridades pudieran curar estas heridas.


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